Edición Especial No. 5-2003
Salus cum propositum vitae

EVALUACION DEL ESTADO DE NUTRICION EN EL ADULTO MAYOR

Dr. Heliodoro Alemán Mateo

Investigador Titular “A”. Nutrición y Envejecimiento. Departamento de Nutrición Humana. División de Nutrición. Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A. C. Carretera a la Victoria Km. 0. 6. Hermosillo, Sonora, México. Apartado Postal 1735. C. P. 83000. Tel: 01 662 2 89 24 00. Ext. 283. Dirección electrónica: helio@cascabel.ciad.mx

RESUMEN

Con el proceso del envejecimiento ocurren cambios anatómicos en todos los órganos, tejidos y sistemas del cuerpo humano. Algunos de estos cambios van acompañados de cambios fisiológicos como las alteraciones del sistema inmune y del aparato digestivo, entre otros.1 También los requerimientos de energía disminuyen conforme la edad avanza.2 El envejecimiento per se afecta algunos indicadores bioquímicos. Se acentúan los cambios antropométricos y de composición corporal que se inician desde la edad adulta.3 En general, el adulto mayor tiene una menor capacidad de enfrentar los desafíos externos, lo cual hace que sea más vulnerable de riesgo para diversas enfermedades. También es bien conocido que la incidencia de enfermedades crónicas como aterosclerosis, cardiovasculares y diabetes aumentan considerablemente con el envejecimiento.4 Aunado a estos cambios biológicos y a la presencia de patologías, algunos adultos mayores tienen que enfrentarse a los problemas sociales, psicológicos y económicos, los cual en conjunto pueden afectar el estado de nutrición.

En este contexto el estado de nutrición debe reflejar las condiciones de salud del individuo, el cual es influenciado por la ingestión de alimentos y utilización de los nutrimentos y así como por el consumo de otros compuestos que no son considerados como nutrimentos.5 Se reconoce que el estado de nutrición óptimo es fundamental para asegurar la salud y calidad de vida. Se ha reportado una elevada prevalencia de las alteraciones del estado de nutrición en los adultos mayores (desnutrición y obesidad) y una mayor morbilidad y mortalidad asociadas a dichas alteraciones. Thorslund y cols.6 evaluaron el estado de nutrición en adultos mayores en vida libre en una comunidad Sueca. Los investigadores encontraron que un 5% de la población presentó desnutrición. En pacientes = 70 años que acuden a consulta por enfermedad aguda se ha reportado que la desnutrición al tiempo de la admisión hospitalaria es de 53% para hombre y de 61% para mujeres.7 La incidencia de desnutrición por deficiencia de energía y proteínas en pacientes hospitalizados es de un 30 a un 65% y alrededor de 50% en los adultos mayores que residen en hogares para ancianos.8 Recientemente se reportó que la prevalencia de desnutrición en adultos mayores es más alta que la encontrada en los menores de 60 años.9

También se reconoce que la desnutrición en el adulto mayor aumenta el riesgo para algunos problemas comúnmente encontrados como la disminución de la resistencia a infecciones, una pobre respuesta en el proceso de cicatrización, mayor tiempo de hospitalización y anemia, entre otros.9 Por todo ello, es importante definir el tipo y la severidad de la desnutrición así como la identificación de pacientes de alto riesgo de desnutrición.

Para evaluar las alteraciones del estado de nutrición, es importante conocer cuales son los indicadores que proporcionan información confiable y además cuales pueden reflejar el estado de nutrimentos específicos relacionados con riegos de morbilidad. Por ejemplo; la homocisteína, es un indicador del estado de nutrición de algunas vitaminas10 y de riesgo cardiovascular.11,12 La evaluación del estado de nutrición completa debe incluir historia clínica y examen físico, indicadores antropométricos y de composición corporal, determinaciones de albúmina y otras proteínas séricas, perfil de lípidos, cuenta total de linfocitos y evaluación de la hipersensibilidad cutánea tardía, datos de ingestión dietaria, aspectos socioeconómicos e indicadores de funcionalidad y de actividad física.


REFERENCIAS

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2. Poehlman ET. Regulation of energy expenditure in aging humans. J Am Geriatric Soc 1993;41:552-59.

3. Wallace JI, Schwartz RS, LaCroix AZ, Uhlmann R, Pearlman RA. Involuntary weight loss in older outpatients: incidence and clinical significance. J Am Geriatr Soc 1995;43:329-337.

4. Committee on Nutrition Services for Medicare Beneficiaries, Institute of Medicine. Overview: nutritional health in the older person. In: The Role of Nutrition in Maintaining Health in the Nation's Elderly. Washington, DC: National Academy Press; 2000: 46-58.

5. Council on Practice Quality Management Committee. Identifying patients at risk: ADA's definitions for nutrition screening and nutrition assessment. J Am Diet Assoc 1994;94:838-839.

6. Thorslund S, Toss G, Nilsson I, von Schenck H, Symreng T, Zetterqvist H. Prevalence of protein-energy malnutrition in a large population of elderly people at home. Scand J Prim Health Care 1990;8:243-8.

7. Mowe M, Bohmer T, Kindt E. Reduced nutritional status in an elderly population (> 70 y) is probable before disease and possibly contributes to the development of disease. Am J Clin Nutr 1994;59:317-24.

8. Lewis EJ, Bell SJ. Nutritional assessment of the elderly. In: Morley EJ, Glick Z, Rubenstein LZ, editors. Geriatric Nutrition. A comprehensive review. New York, Raven Press 1995:73-83.

9. Kyle UG, Unger P, Mensi N, Genton L, Pichard C. Nutrition status in patients younger and older than 60 y at hospital admission: a controlled population study in 995 subjects. Nutrition 2002;18:463-9.

10. Bates CJ. Vitamin analysis. Ann Clin Biochem 1997;34:599-626.

11. Selhub J. Homocysteine metabolism. Ann Rev Nutr 1999;19:217-46.

12. Selhub J, Jacques P, Rosenberg I, Rogers G, Bowman B, Gunter E, et al. Serum total homocysteine concentrations in the third National Health and Nutrition Examination Survey (1991-1994): Population reference ranges and contribution of vitamin status to high serum concentrations. Ann Inter Med 1999;131:331-39.

 



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